Matías Marín, estudiante del Instituto de la Comunicación e Imagen

"Soy un privilegiado de estar en una universidad donde tener VIH no significó exclusión"

"Soy un privilegiado de estar en una U. donde tener VIH no me excluyó"

En abril de 2018, Matías Marín, estudiante de Periodismo, se realizó el test rápido de VIH en el marco de la campaña de prevención del virus liderada por el Hospital Clínico de la U. de Chile en Casa Central. Ese primer resultado positivo fue confirmado un mes después por el Instituto de Salud Pública. Hoy, Matías lidera el Círculo de Estudiantes Viviendo con VIH, el que ya suma 30 miembros.

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Este viernes 8 de marzo Matías Marín junto al Círculo de Estudiantes Viviendo con VIH (CEVVIH), dictó dos charlas sobre VIH para los mechones que se unieron a la U. de Chile este 2019. La idea fue poder informar sobre la transmisión del virus y su prevención, desde una perspectiva que poco y nada aparece en las campañas sobre VIH en Chile: la de los jóvenes seropositivos.

En menos de un año, Matías junto a dos compañeros de la U. de Chile también seropositivos, levantaron el CEVVIH, iniciativa que no sólo sirve de red de apoyo para estudiantes que viven con VIH, sino también trabaja haciendo activismo en la prevención de un virus que en Chile, a diferencia de gran parte del mundo, ha tenido un explosivo en los últimos años.  

Soy súper privilegiado de estar en una universidad donde tener VIH no significó exclusión, y de haber estado en un espacio donde tengo una red de apoyo súper fuerte. Toda la gente sabe que tengo VIH y nunca nadie me ha cuestionado, ni se ha puesto a preguntarme cosas que no se deben. Tengo un privilegio en ese sentido porque si puedo hacer cosas es porque tengo las herramientas y estoy en un espacio que me lo permite, pero en general las personas tratan de ocultar que tienen VIH porque hay mucho estigma”, advierte Matías. 

¿Cómo recuerdas ese día en que te hiciste ese primer test en Casa Central?

El día antes de que tomaran los test nos habíamos quedado en la casa de una amiga que vive cerca para llegar temprano, porque sabíamos que los cupos se iban a llenar muy rápido. Estaba lleno de gente y había prensa ese día, la enfermera me dijo piola el resultado, pero después desaparecí como 20 minutos, porque me llevaron a otra sala a hacerme el confirmatorio. Estaban todos mis amigos buscándome pensando qué le pasó, dónde está. Cuando me dieron el primer diagnóstico yo pensé que me iba a morir. Pensé: 'tengo SIDA, hasta aquí llegué'.

¿No te imaginabas ese resultado?

No. Yo me había hecho el test a fines de 2016 y me había salido negativo. En 2017 no me lo hice y después me lo iba a hacer cuando los tomaron en el Hospital de la Chile, pero no alcancé a llegar. Lo dejé pasar, me fui de vacaciones, y en marzo anunciaron que se harían los test en Casa Central, y ahí con mis amigas dijimos ‘vamos’.

¿Y qué hiciste después de ese primer examen?

Me quedé en shock. Pasé yo creo como una semana en que no lo creía, pensaba que no era verdad, que me iban a llamar en algún momento para decirme que era una broma. Además, esos días me puse a ver películas sobre VIH que eran súper terribles, todas como de los noventas, dramáticas, entonces no me ayudaban en nada. Pero entre medio vi una película francesa que se llama “120 Pulsaciones por minutos”, que es sobre un grupo de seropositivos activistas. Era súper larga, la vi entera y yo lloraba, porque al final igual muere el protagonista. En eso, le conté a un amigo que era de la Escuela de Gobierno, y él me dijo que nos juntáramos a conversar. Ahí él llegó y me dijo que tenía VIH desde fines de 2014, cuando recién estaba en primero de la carrera. Yo no sabía, él nunca me había dicho ni le había dicho a nadie. Me contó que estaba en tratamiento, que estaba indetectable, tenía las defensas bien, hacía su vida normal. Me dijo que no le había cambiado mucho la vida.

¿Qué pasó luego cuando llegó el resultado confirmatorio del Instituto de Salud Pública?

El confirmatorio me lo entregaron como un mes después. Y ya cuando fui a buscarlo al Hospital de U. de Chile, iba entregado, ya sabía que me iba a dar positivo, y no tenía problemas. La psicóloga me decía. '¿tienes dudas?', y yo le decía que no, ya me había informado. Dos días después fui a la Isapre a renunciar, y después como dos meses después, me dejó libre la Isapre y el 1 de agosto fui a Fonasa. Ahí ya estaba medio desesperado, quería saber cómo estaba, me preocupaba saber cuánta carga viral tenía y cómo estaban mis defensas.

¿Por qué crees que lograste enfrentar bien ese resultado de confirmación?

Tuve harta contención. Redes de apoyo. Me sentí súper apoyado por mis amigos, a ellos les conté al día siguiente que supe el primer resultado.  Me acuerdo que toda la semana habíamos dicho que íbamos a hacer una chorrillana vegana, comida y chela ese sábado. El viernes fui a hacerme el test a Casa Central, me dio reactivo, y la amiga con que fui me dijo 'sabes que mejor no hagamos nada mañana, yo les aviso a los chiquillos que no vengan'. 'No', le dije yo. '¿Por qué lo vamos a cancelar? Hagamos de cuenta que me morí, porque nunca se me va a olvidar el 27 de abril. Entonces este es mi nuevo cumpleaños, así que hagamos esta junta y va a ser mi cumpleaños'. Nos juntamos, yo les conté, nos pusimos todos a llorar, y sentí que me iban a apoyar.

¿Y cuándo nace la idea del CEVVIH?

Cuando supe que no había vuelta atrás, mi amigo de la Escuela de Gobierno me dijo que ya no había excusas, que teníamos que hacer algo. Le pregunté a otro amigo de la Universidad que también me contó que era positivo, si es que él quería participar, y dijo que sí. Entonces nos juntamos por primera vez en mayo los tres y de ahí, hasta que decidimos ponernos un nombre para armar las redes. Después hicimos una actividad abierta a todo público para resolver dudas respecto al VIH en la FECh, invitamos a la infectóloga María Paz Acuña que es del Colegio Médico y a un activista que se llama Maricón Sombra, que tiene VIH. Llegaron muchísimas personas. Después de eso hicimos otra actividad y a través de Instagram muchas personas nos empezaron a preguntar cosas, y dentro de eso, empezamos a invitar a algunas personas positivas que fuimos conociendo.

A fines de agosto ya éramos como trece personas. Después de eso llegaron seis más, nos invitaron de ONU SIDA Buenos Aires, y luego empezamos a pensar en sacar la personalidad jurídica para financiarnos. Ahora somos 30, hombres y mujeres.

En este tiempo, ¿cuál es tu percepción respecto a cómo es vivir con VIH hoy en Chile?

En Chile está súper estigmatizado tener VIH, por lo que te muestra la tele, la prensa. No creo que para nadie haya sido fácil recibir este diagnóstico. Pero de ahí para adelante, cambia la percepción que cada uno tiene respecto al virus dependiendo de las redes de apoyo que tenga. Hay personas que pasan cinco años sin decirle a nadie, hay personas que no empiezan el tratamiento porque les da vergüenza, en los hospitales hay gente que va a infectología con gorros, anteojos de sol, bufanda, para que nadie los vea.

¿Sigue habiendo un estigma social fuerte con la población seropositiva?

Sí, en Chile el VIH se aborda de manera médica y política, pero no de manera social. No hay un abordaje de integración a las personas con el virus, sino solo se estigmatiza. Nosotros tenemos una compañera en el círculo que cuando le dieron el resultado positivo, le preguntaron si era prostituta. El estigma altiro. Para el caso de los hombres, no existe otra posibilidad que no sea que eres promiscuo.

En tu caso, enfrentaste el diagnóstico armando un proyecto de todo esto que te pasaba…

Lo decidí al principio: tengo el diagnóstico, lo mejor que puedo hacer es informarme, saber lo máximo que se pueda del virus porque voy a vivir con él toda la vida hasta que no se descubra una cura y creo que lo mejor que puedo hacer es informarme lo que más pueda cosa que nadie pueda decirme nada.

¿Cómo fue que empezaron a hacer charlas con el Círculo?

Uno de mis amigos de la escuela trabajada en el colectivo de Diversidad Sexual y Género de INAP. Ellos hacen talleres de distintos temas y uno de los que hacían era sobre VIH. Y ahí pensamos 'qué mejor que las mismas personas positivas para hablar del tema que nos convocan’. Elaboramos un taller en base a la información que teníamos de VIH pero desde una perspectiva positiva. Tratamos de hablar más de qué hacer si me da positivo: a dónde voy, hablar de indicadores médicos, cosa de que las personas se informen de cómo viven las personas con el virus. Hemos hecho talleres acá en la Universidad de Chile, en la Católica, la Andrés Bello, la Portales, ahora vamos a trabajar con la Municipalidad de Independencia haciendo talleres en colegios y estamos organizando el primer encuentro nacional de jóvenes viviendo con VIH junto a Chile Positivo.

Si pudieras hacer una evaluación sobre el aumento en las transmisiones en Chile, ¿qué dirías?

Creo que hay un problema que es la falta de educación sexual, eso es innegable, eso es lo que nos tiene mal, y cada año la cifra aumenta, y hay una población que no sabe que tiene VIH porque nunca se han hecho el test. La falta de educación que es transversal a la sociedad.

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Dirección de Extensión y Comunicaciones ICEI

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